Ahora ya podemos venir a la escuela con mi hermano. Cuando era en Tambillo, mi mamá no nos podía llevar”, comentó María G., alumna de segundo año de básica de la escuela Juan Amador, que hace pocas semanas fue recuperada.
El barrio Miraflores está ubicado a unos 25 kilómetros al sur de Quito, en la parroquia Tambillo.
Este proyecto y la construcción de un centro comunitario son parte del trabajo social que cumple la comunidad con el apoyo de la empresa británica Bupa y la Fundación Martha Estrella.
Estefanía Sandoval, presidenta de la fundación, contó que el proyecto nació hace dos años, cuando vieron la necesidad de ayudar a Miraflores con un proyecto integral, priorizando los derechos de los niños.
El proyecto beneficiará a 150 familias. Incluye un centro de cómputo y para charlas virtuales, un comedor comunitario, dos dormitorios para voluntarios.
La construcción inició el 7 de septiembre y esperan inaugurar la obra el próximo 27 de noviembre.
“Lo interesante es que los voluntarios de Bupa vienen todas las semanas a trabajar con nosotros”, comentó Jorge Gualotuña, representante de la comunidad, quien asegura que la participación de los voluntarios extranjeros es fundamental para la obra, “no solo por el financiamiento, sino por el apoyo y el intercambio cultural”.
Según Freddy Galarza, representante de Bupa en Ecuador, lo que despertó el interés de los altos mandos de la compañía fue a ver que los habitantes del sector necesitaban el proyecto y se comprometieron con el proyecto.
“Los voluntarios que llegan no se quieren regresar”, comentó Juan Paguai, albañil de la comunidad, quien fue contratado para la obra de construcción.
Para Louise Tael, voluntaria sueca, el trabajo con la comunidad es gratificante. “En Europa se dona mucho dinero para obras sociales, pero nunca sabemos si se cumple o no”, dijo, mientras asegura que en este proyecto las mil libras esterlinas que cada voluntario donará a la comunidad saben en qué se va a invertir.
Además, para ella es muy importante la conexión cultural. Cuando llega un nuevo grupo de voluntarios, cada semana, el primer día lo dedican a la integración.
La comunidad prepara un programa cultural, con danza, la banda de pueblo del barrio y la participación de los niños de la escuela.
El eje del proyecto es lograr que los niños de la comunidad tengan una escuela con instalaciones de primera calidad.
“Antes, a la escuela venían 20 alumnos. En dos semanas, desde que tienen nuevas instalaciones, acuden 75”, comentó la presidenta de la fundación, Martha Estrella.
Según cuenta, los niños de la zona debían caminar tres o cuatro kilómetros para llegar a otras escuelas, “los papás preferían no mandarlos.
Además, cuando termine la construcción, los infantes tendrán una guardería, un centro médico y odontológico. Para los adolescentes también se instalará un lugar de apoyo escolar y con conexión a Internet gratuita.
El costo del proyecto será de 200.000 dólares, para la construcción, y una donación de 1.000 libras esterlinas por cada voluntario extranjero, que representará, aproximadamente, 190.000 dólares más para proyectos futuros.


